
La Iglesia y La Prensa
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El día 18 de julio, Fernando Karadima fue careado con los cuatro profesionales que lo acusan de abusos sexuales.
Podría ser uno de tantos juicios del mismo tipo en la justicia chilena de no ser porque el caso salió profusamente en los medios de comunicación y muchos periodistas se refirieron al procesado como "padre", "religioso" o "sacerdote".
Karadima no era un cura cualquiera. Fue por 40 años el encargado de la Parroquia del Bosque, iglesia del sector más pudiente de Santiago donde por años formó a jóvenes bajo el alero de una organización que bautizó como "Acción Católica". A ella sólo llegaban hombres, adolescentes de buenas familias, y se sometían a la dominación de un "líder espiritual" que ordenaba sus vidas y que, de acuerdo a lo que su supo recién el año pasado, abusaba sicológica y sexualmente de ellos. Por "Acción Católica" pasaron seis actuales obispos chilenos.
Fernando Karadima ya ha sido caratulado por la prensa más liberal como el "Marcial Maciel" chileno, por haber creado una suerte de secta, sus abusos sexuales y también por el imperio económico que forjó en torno a su "obra religiosa".
Pero el tratamiento de los medios de comunicación al caso es extraño. El Vaticano hizo un juicio eclesiástico y lo encontró culpable de abusos sexuales a menores. Pero aún así, la mayoría de los canales de televisión seguían refiriéndose a él como el "padre Karadima" y gastaban minutos en la tv y centímetros en los diarios con declaraciones de feligreses que lo defendían. Incluyendo famosos empresarios o políticos. Prácticamente, una defensa en bloque.
En una sociedad como la chilena, marcada culturalmente por la influencia de la iglesia católica romana, su jerarquía los transforma casi en autoridades del país. El cardenal es tratado como personaje público, tener un obispo en la familia es signo de buena cuna y pocos se atreven a disentir contra lo que "la" iglesia decide o informa.
Por eso es que el trabajo periodístico choca con el "uso" o la "tradición". Porque el poder que un personaje pueda tener no lo hace distinto de un delincuente sin recursos o contactos. La prensa recién comienza a asumir que Karadima no es un intocable, sino que una persona que se aprovechó de su carisma y posición para abusar de jóvenes por años.
El trabajo periodístico debe dejar de lado trabas culturales y apuntar a la naturaleza del hecho noticioso, desvistiendo a los personajes en cuestión del ropaje del poder o posición que ocupan.
No es el "padre Karadima", es Fernando Karadima, el sacerdote que abusó sexualmente de sus feligreses.

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