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La Iglesia Católica e HidroAysén

Chile | Economía

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EL VIERNES PASADO, MAS DE 40 MIL PERSONAS marcharon por las calles de Santiago, para protestar contra la construcción de un gran complejo hidroeléctrico en el medio de la patagonia chilena.

Nunca antes el clamor popular se había focalizado con esta dimensión en un tema medio ambiental. Menos, tratándose de una represa que se construirán a casi dos mil kilómetros al sur de la capital.

Hoy, como nunca, los ciudadanos están dispuestos a hacer valer su opinión, primero en las redes sociales, y luego, convocándose a través de estas mismas, llenando las calles con su molestia.

Todos los actores se han manifestado en torno al tema. El Gobierno, los grupos ecologistas, los partidos políticos, las empresas generadoras de energía. Y en estos días se sumó un nuevo referente hasta ahora ajeno al debate público sobre este proyecto de más de US$5 mil millones de inversión.

Se trata de la Iglesia Católica. Fue tan sorpresiva su opinión que fue titular de primera página de la mayoría de los diarios nacionales y noticia de apertura de los principales informativos de televisión.

La Conferencia Episcopal de Chile entregó una declaración pública en la que se deslizan críticas al proyecto.

Los obispos señalan que

“...como Obispos queremos contribuir con una reflexión en torno a un asunto relevante y urgente. Nos interesa estimular un diálogo serio, abierto e informado, evitando posturas confrontacionales, procurando un sano discernimiento para la acción y el compromiso ciudadano en un ámbito que nos interpela a todos”.

Más adelante, se señala que “de una parte, adherimos a la conciencia global de que vivimos en un planeta cuyos recursos son limitados frente a nuestra capacidad de demanda y derroche. Por otra, es importante que reflexionemos sobre el tipo de desarrollo que queremos para Chile. El progreso, o es sostenible o no es progreso."

Donde pone el acento la declaración católica es en la ética empresarial que rodea un proyecto de esta envergadura:

“Una decisión basada sólo en intereses económicos es éticamente inaceptable y deplorable porque constituye una mezquina burla de la sociedad. Por el contrario, una respuesta humanizadora al desafío energético requiere un diálogo en el que todas las personas y comunidades, especialmente los más involucrados y afectados por las iniciativas."

Los 31 obispos chilenos dan cuenta de un tema que supera las barreras económicas o políticas, porque tiene que ver con el desarrollo humano, con la administración de los recursos naturales.

De hecho, afirman que

“Como Iglesia tenemos una responsabilidad respecto a la Creación, cuidando y defendiendo públicamente sus dones: la tierra, el agua y el aire; protegiendo al ser humano contra la destrucción de sí mismo; construyendo, en definitiva, una ecología humana”.

La construcción de las tres represas en los ríos Baker y Pascua, en la Patagonia, ya está aprobada. Falta ahora la aprobación del cableado: 2.000 kilómetros atravesando bosques, parques, reservas naturales y humedales.

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