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Esperanza es fuente de gozo

México | Violencia

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LA ESPERANZA es algo espiritual en sí mismo.

Es como el amor, el cariño por mamá y papá. El amor por la novia o el amor por la ciudad donde uno vive. La paz es también algo espiritual. Es algo que se siente. Igual que la esperanza y cualquier otro sentimiento. Si no accionamos o hacemos algo por que se vean o se noten, nadie los verá.

Ciudad Juárez necesita esperanza. La que le ayudará a vivir los días que vienen enfrente de ella. Días en que sin duda, uno de ellos marcará el final de estos aciagos que vivimos. Días de asesinatos. De extorsiones y secuestros en que las autoridades no han podido, porque no han querido, terminar con la situación de violencia que tenemos. Sería execrable pensar que ha sido así, porque así lo han decidido. Porque así lo planearon.

La violencia que estamos viendo y que entra en su cuarto año de duración, es una situación que ha mermado la capacidad de asombro de la gente. Que ha propiciado la salida de más de cien mil personas que aquí vivían. El que seamos los juarenses noticia mundial por la cantidad de personas asesinadas a sangre fría en sus calles. Particularmente no me importa el sexo de quienes han muerto. Son personas. Seres humanos. Jamás politizaré o comercializaré al respecto. Conozco de lo primero. No sé cómo se hace lo segundo. No tengo las agallas necesarias.

Una cosa sí sé. Que nuestra ciudad necesita recuperar la esperanza. Necesita ser restaurada en su ánimo. Ese es el meollo del asunto. ¿Cómo se hace esto? ¿Cómo volver un intangible, en algo tangible, visible, deseable? ¿Cómo se restaura la esperanza de la gente? ¿De dónde se obtienen las energías suficientes para inyectarle a una ciudad donde el territorio entre el bien y el mal no existe más? ¿Cómo se trasmiten el motivo y el coraje para que las personas luchen por una causa que la ven perdida y la salven?

Estamos así no porque los ciudadanos y ciudadanas no puedan o no quieran arreglar la situación que tienen. Sino porque se han dado cuenta de que sus autoridades, quienes ellos han elegido anteriormente para ello. No saben qué hacer. ¡Todo les falla! Y aún éstas, han de intentar todo lo que crean que servirá para ello. Al menos es lo que les corresponde hacer. Implementar planes, estrategias, correctivos pragmáticos que provoquen la restauración de la esperanza en los juarenses. Caso contrario, no quedará nada de la otrora llamada, ?la primer frontera de México? y se convertirá en una ciudad fantasma. Como le ha sucedido a muchas a lo largo de la historia.

La esperanza es una fuente de gozo. Nos da motivos para alegrarnos. Es una cualidad que no se rinde ante lo adverso, ni sucumbe ante las pruebas de la vida. La esperanza está asociada con la paciencia. Entonces es un valor que vale doble. Los juarenses hemos sido muy pacientes. Seguro que en Reynosa y en Monterrey, en Morelia y Acapulco también lo han sido. Tijuana se cansó. Pero no perdió la esperanza. ¿Qué sucedió en Tijuana? No sólo el gobierno, en sus diferentes esferas se puso a trabajar, sino que la gente de la ciudad también. Trasladaron su esperanza en acciones concretas que trajeron el gusto por la vida. El gozo brotó de la esperanza de ver a su ciudad de distinta manera. No como era antes de la crisis de inseguridad y la ola de violencia vivida. Sino mejor que antes.

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